4. Discusión¶
La evidencia empírica confirma el principio fundacional de Rudolf Virchow (1848): “la medicina es una ciencia social y la política no es sino medicina en una escala mayor” (p. 7). Los resultados obtenidos muestran que los determinantes sociales y económicos de la salud no son factores externos al cuerpo, sino que se inscriben biológicamente en él, en lo que Krieger (2005) conceptualiza como embodiment: la materialización de las condiciones de vida en trayectorias corporales diferenciales.
Desde esta perspectiva, la pandemia de COVID-19 no puede analizarse solo como un evento epidemiológico, sino como un proceso socioeconómico y político complejo. Las desigualdades en ingreso, empleo, educación, vivienda y acceso a servicios de salud determinaron tanto la exposición al virus como la capacidad de afrontamiento de los hogares. Las provincias y municipios con mayor densidad institucional y capital social —como Córdoba y la región de Río Cuarto— mostraron una mejor respuesta coordinada y menor deterioro de indicadores de salud mental y bienestar social.
Las políticas contracíclicas IFE y ATP funcionaron como amortiguadores de corto plazo del ingreso y del empleo formal, evitando un colapso mayor del consumo y la pobreza. Sin embargo, su carácter transitorio y focalizado no transformó la estructura productiva ni redujo la informalidad crónica. Este límite coincide con la crítica de Stiglitz (2015) a las políticas de “estímulo sin reforma”, que mitigan la recesión pero no modifican los determinantes estructurales de la desigualdad.
El análisis también respalda la tesis de Marmot (2015): “la inequidad en salud no es inevitable; surge de las condiciones sociales en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen” (p. 19). En Argentina, las brechas territoriales en infraestructura sanitaria, empleo y capital educativo condicionaron los resultados sanitarios y la velocidad de la recuperación económica.
En términos económicos, la evidencia muestra que la inversión social en salud y educación tiene retornos sistémicos. Siguiendo a Sen (1999), el desarrollo no puede reducirse al crecimiento del PIB, sino que debe entenderse como expansión de libertades reales: capacidades efectivas para llevar una vida digna y saludable. La experiencia argentina durante la pandemia demuestra que la salud es tanto un fin del desarrollo como un medio de producción social.
La lectura sociológica, por su parte, refuerza la importancia del riesgo global y la vulnerabilidad compartida. Beck (2016) señala que los riesgos contemporáneos “trascienden fronteras nacionales y desafían los marcos institucionales tradicionales” (p. 8), lo que exige nuevas formas de gobernanza cooperativa. Butler (2020) amplía esta idea al proponer una ética del cuidado basada en el reconocimiento mutuo de la vulnerabilidad. En Córdoba y Río Cuarto, la cooperación interinstitucional entre universidad, Estado y comunidad operó como ejemplo concreto de esa ética aplicada a la gestión de crisis.
La pandemia, en síntesis, funcionó como un espejo de las desigualdades estructurales del país, pero también como un laboratorio de resiliencia institucional y territorial. En el corto plazo, las políticas fiscales y de asistencia demostraron capacidad de contención; en el mediano y largo plazo, el desafío es convertir esa contención en transformación estructural: fortalecer la Atención Primaria de la Salud (APS), integrar la salud mental al sistema público y vincular el gasto sanitario con estrategias de desarrollo inclusivo y sustentable.
El diálogo entre las nociones de salud como inversión social (Stiglitz; CEPAL; Marmot) y salud como capital humano (Becker; Lucas; Grossman) permite construir una síntesis pragmática: combinar universalismo en la provisión pública con criterios de eficiencia y evaluación de impacto. Este enfoque híbrido reconoce la salud como bien público con efectos multiplicadores sobre la productividad, la cohesión y el bienestar colectivo.
En última instancia, los resultados y la literatura convergen en una idea central: la salud, la economía y la sociedad conforman un sistema interdependiente. Las políticas efectivas deben asumir esa coproducción y actuar de manera coordinada. La pandemia dejó una enseñanza clara: sin equidad social no hay salud sostenible, y sin salud no hay desarrollo duradero.
Referencias (APA 7.ª ed.)¶
Banco Mundial. (2025). GDP growth (annual %) – Argentina (NY.GDP.MKTP.KD.ZG). https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.MKTP.KD.ZG?locations=AR
Beck, U. (2016). La sociedad del riesgo global. Paidós.
Becker, G. S. (1964/2007). Human Capital: A Theoretical and Empirical Analysis, with Special Reference to Education. University of Chicago Press.
Butler, J. (2020). The Force of Nonviolence. Verso.
CEPAL. (2022). Panorama Social de América Latina y el Caribe 2022. Comisión Económica para América Latina y el Caribe. https://www.cepal.org/
Grossman, M. (1972). On the concept of health capital and the demand for health. Journal of Political Economy, 80(2), 223–255.
INDEC. (2021–2024). Incidencia de la pobreza y la indigencia. https://www.indec.gob.ar/
Krieger, N. (2005). Embodiment: A conceptual glossary for epidemiology. Journal of Epidemiology & Community Health, 59(5), 350–355.
Marmot, M. (2015). The Health Gap: The Challenge of an Unequal World. Bloomsbury.
Sen, A. (1999). Development as Freedom. Oxford University Press.
Stiglitz, J. E. (2015). The Great Divide. W. W. Norton & Company.
Stiglitz, J. E. (2021). The pandemic and inequality. Columbia University Press.
Virchow, R. (1848). Report on the Typhus Epidemic in Upper Silesia.
UniRío Editora / UNRC. (2022). Impactos locales de la pandemia (Gran Río Cuarto). Universidad Nacional de Río Cuarto.